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Arcano viene del adjetivo latino arcanus, que se refiere a algo encerrado, escondido, misterioso, oculto. La palabra arca procede de la misma raíz.

El tarot está compuesto por 78 naipes, cartas o arcanos, de los cuales 22 son los llamados mayores, y 56, menores.

¿Por qué 22? ¿Por qué 56? ¿Por qué 78? Si vamos a admitir que el tarot tiene una personalidad propia, una identidad, la pregunta correcta es ¿Y por qué no? De momento es ésta una respuesta útil que nos permite seguir adelante, como cuando ves que el portero de la discoteca, con una clara personalidad muscular, te ha confundido con otra persona y te deja entrar con playeros. Pasas hasta el fondo y ya. No te paras a contarle los puños.

Los 22 arcanos mayores son los que salen en la pantalla interna cuando pensamos en tarot; los personajes medievales que hacen cosas medievales. Los 56 arcanos menores, son el menaje de cocina y las figuras que identificamos en las cartas de toda la vida como oros, copas, bastos, espadas, o, a la francesa, diamantes, corazones, tréboles y picas, numerados, en el caso del tarot, del 1 al 10 (40 cartas), más el paje, la reina, el rey y el caballero (4×4=16 naipes más).

 

La diferencia entre arcanos mayores y menores

 

Los arcanos mayores atraen a la gente aficionada al guion, al “modo historia” de los videojuegos, a las artes interpretativas y narrativas en cualquiera de sus formas. Los arcanos menores, obviamente, atraen a los jugadores de cartas, desde el tahúr a la abuelita; a la gente, en definitiva, que para divertirse, calcula y gana, y para eso quiere reglas claras que encajar (o romper).

Las cartas de toda la vida (los arcanos menores) han alejado a muchos espíritus románticos del tarot. Me refiero a las personas incapaces de adivinar el secreto de las cartas que sostienen sus compañeros de mesa, al bailarles los números y no poder llevar la cuenta de todo lo que ha pasado sobre el tapete más lo que llevan en su propia mano. Creen que el secreto de los naipes es matemático: cuantificable, grosero, y desean algo más elevado, de más personalidad.

Los arcanos mayores han alejado el tarot, tradicionalmente, a las personas afines a la ciencia y la ingeniería; Cuando un espíritu cómoda y parabólicamente suspendido en el perchero de la abscisa y la ordenada, se encuentra con el medieval arcano de La Torre, con su rayo, sus tipos despeñados, la almena derruida, y ve sobre la mesa de la cocina la carta del banco con la letra del coche y el seguro… la deja bocabajo y procura olvidar cuanto antes las misteriosas casualidades no replicables a través de la experimentación empírica.

Así pues, es posible que los arcanos mayores y menores se distingan más por el tipo de motivaciones que nos despiertan, de acercamiento y rechazo, que por ellos mismos. Porque realmente, ellos mismos cierran filas en lo básico: no soltar prenda si no se los respeta. Te lo explico:
El Tarot confunde igualmente ya no sólo a la persona romántica y a la científica, sino también al principiante y al experto. La diferencia entre principiante y experto no es el conocimiento exacto de la certeza del significado oculto, misterioso, del naipe, sino, que el experto sabe ser un principiante; el experto sabe disfrutar de su confusión y dejar que el naipe le susurre al oído sus secretos, en vez de intentar encajarlo, a la fuerza, en sus propios conceptos.

…porque el lector avezado respeta el secreto: sabe que la esencia de un arcano (copa) no es lo que él o ella cree que significa (espada: lo que corta, lo que define), sino que es algo que contiene otra cosa desconocida (oro: el misterioso bosque contenido en la semilla, o la riqueza oculta en la tierra). Sabe que los arcanos esperan tu confusión para cargar su significado de ese momento (basto: la nueva vida que crece).
Si decides el significado de un arcano con lo que ya sabes, y no dejas que crezca desde lo que ignoras (que es lo que te ha llevado a ellos) no los tratas con el respeto de lo que son: arcanos. Tus arcanos. Tus secretos.

 

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